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FUNDACIÓN UNIVERSITARIA DE POPAYAN

El síndrome del impostor en la universidad

El síndrome del impostor en la universidad

Hay un pensamiento que muchos estudiantes tienen… pero casi nadie dice en voz alta:

¿Y si en realidad no soy tan bueno como creen?

Aparece en clase, cuando otros participan con seguridad.

Aparece antes de un parcial, cuando sientes que no sabes lo suficiente.Aparece incluso después de sacar una buena nota. Y lo más extraño es esto: no desaparece cuando te va bien.

A ese fenómeno se le conoce como síndrome del impostor. Y en la universidad es más común de lo que parece. No se trata de falta de capacidad.

Muchas veces aparece en estudiantes responsables, exigentes y comprometidos, personas que sí saben, pero sienten que lo suyo no es suficiente, o que en cualquier momento alguien va a “descubrir” que no están a la altura.

La universidad es un terreno perfecto para que esa sensación crezca.

Estás rodeado de gente que parece segura, que habla con fluidez, que responde rápido. Ves a otros entender cosas que a ti te cuestan más.

Y sin darte cuenta, empiezas a compararte. El problema es que esa comparación es incompleta.

Tú ves el resultado de los demás, pero no ves su proceso. No ves cuánto dudaron, cuánto les costó o qué tan seguros están realmente.

Solo ves lo que muestran. Y lo que muestran, casi siempre, es su mejor versión. Entonces construyes una idea:ellos sí saben, yo no tanto”, pero esa idea no necesariamente es real.

Otra razón por la que aparece el síndrome del impostor es el cambio de contexto. Muchos estudiantes fueron buenos en el colegio. Destacaban, entendían rápido, tenían reconocimiento.

Al llegar a la universidad, el nivel sube. El entorno cambia. Y ya no eres “el mejor” automáticamente.

Ese ajuste puede sentirse como una pérdida de seguridad.

Pero no lo es. Es simplemente un cambio de estándar. También influye la forma en que se interpretan los logros.

Un estudiante con síndrome del impostor rara vez atribuye sus buenos resultados a su capacidad. Prefiere pensar que tuvo suerte, que el examen fue fácil o que “no era tan difícil”.

En cambio, cuando algo sale mal, la explicación sí es personal:no soy bueno para esto”, “no doy la talla”.

Ese desequilibrio en la forma de evaluarte mantiene la duda activa.

Lo importante es entender que sentirte así no significa que sea cierto.

La universidad está diseñada para exigirte, para sacarte de tu zona cómoda, para enfrentarte a cosas que no dominas aún.

Sentirte inseguro en ese proceso no es señal de que no perteneces, sino de que estás aprendiendo.

De hecho, hay una diferencia importante entre no saber… y no saber todavía.

Y en la universidad, la mayoría de las veces estás en la segunda.

También es clave empezar a cambiar la forma en que te hablas. No se trata de inflarte con frases motivacionales vacías, sino de reconocer con más equilibrio lo que haces bien y lo que te falta por aprender.

Aceptar que puedes no entender algo hoy sin que eso defina tu capacidad general.

Hablar con otros también ayuda. Cuando esas conversaciones ocurren, muchos descubren algo inesperado: otros también dudan.

Otros también sienten que no saben tanto como aparentan.

El silencio es lo que hace que el síndrome del impostor se sienta individual, cuando en realidad es bastante colectivo.

La confianza académica no aparece de un día para otro. Se construye con evidencia: entender un tema, resolver un problema, mejorar en algo que antes te costaba.

No necesitas sentirte seguro todo el tiempo para estar en el lugar correcto.

La próxima vez que aparezca ese pensamiento de “no soy suficiente”, vale la pena hacer una pausa y preguntarte: ¿esto es un hecho… o es una percepción?

Porque en la universidad, muchas veces lo que te hace dudar no es tu capacidad real…
sino la forma en que la estás viendo.


Foto: Pixabay

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