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¿Y si no soy tan bueno como los demás? El síndrome del impostor que afecta a miles de universitarios

¿Y si no soy tan bueno como los demás? El síndrome del impostor que afecta a miles de universitarios

Hay una sensación que acompaña a muchos estudiantes durante su paso por la universidad, aunque pocos se atrevan a hablar de ella.

Es esa voz interna que aparece antes de una exposición, después de una buena nota o incluso al recibir un reconocimiento y que susurra una pregunta incómoda:¿Realmente merezco estar aquí?”.

Se conoce como síndrome del impostor y es mucho más frecuente de lo que parece.

Consiste en la sensación persistente de que los logros obtenidos son producto de la suerte, de circunstancias externas o de un error de evaluación por parte de los demás, y no de las propias capacidades.

Lo curioso es que suele afectar precisamente a estudiantes responsables, comprometidos y con buen desempeño académico.

La universidad es un escenario perfecto para que aparezca esta sensación. De repente, los estudiantes dejan de ser los mejores de su colegio para encontrarse rodeados de personas igualmente talentosas.

Las comparaciones se vuelven inevitables. Siempre parece haber alguien que participa más, que entiende más rápido o que tiene más experiencia.

Sin darse cuenta, muchos comienzan a medir su valor académico a partir de lo que observan en los demás.

El problema es que esa comparación suele ser injusta. Los estudiantes observan los resultados visibles de otras personas, pero no ven sus inseguridades, sus dudas o las dificultades que enfrentan detrás de escena.

La consecuencia es que empiezan a construir una narrativa equivocada: creen que todos tienen claridad menos ellos.

Sin embargo, la realidad es distinta.

La mayoría de universitarios atraviesa momentos de incertidumbre. La diferencia es que algunos los expresan y otros los esconden mejor.

Aprender a reconocer esta situación es importante porque el síndrome del impostor puede afectar el rendimiento académico.

Cuando una persona siente que no está a la altura, evita participar, duda de sus capacidades y muchas veces desaprovecha oportunidades que podrían impulsarla profesionalmente.

Superar esta sensación no significa creer que se sabe todo. Significa aceptar que aprender implica equivocarse, tener dudas y construir conocimiento poco a poco.

La universidad no está diseñada para reunir personas perfectas. Está diseñada para formar profesionales.

Y formar implica cometer errores, hacer preguntas y reconocer que nadie tiene todas las respuestas.

Quizás la próxima vez que aparezca la duda, valga la pena recordar algo simple: si has llegado hasta aquí, probablemente no sea por accidente.

*Esta nota fue escrita con apoyo en herramientas de IA. La fuente fue aprobada por Diario Occidente y el contenido final fue revisado por un miembro del equipo de redacción.


Foto: Pixabay

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