Puede resultar desconcertante: un estudiante es capaz de pasar bastante tiempo conversando con sus amigos, viendo videos o navegando en el celular sin sentir demasiado cansancio, pero basta con abrir un libro, comenzar una lectura académica o sentarse frente a los apuntes para que aparezcan los bostezos y la sensación de que los ojos pesan.
Aunque muchas veces se interpreta como pereza o falta de interés, tener sueño mientras se estudia puede estar relacionado con varios factores, desde la manera de estudiar hasta las condiciones del lugar y, por supuesto, la falta real de descanso.
Una de las primeras explicaciones está en el tipo de actividad que realizamos.
Leer durante mucho tiempo de manera pasiva puede resultar monótono y exige mantener la atención sobre un mismo estímulo durante un periodo prolongado.
Si además el estudiante permanece sentado, en silencio y prácticamente sin moverse, es más fácil que disminuya su nivel de alerta.
El problema puede aumentar cuando se estudia acostado, en una habitación con poca iluminación o en un espacio que el cerebro relaciona habitualmente con el descanso.
La solución no consiste necesariamente en estudiar de pie ni en mantenerse permanentemente ocupado, sino en convertir el aprendizaje en una actividad más participativa.
En lugar de leer veinte páginas seguidas esperando recordar su contenido, puede resultar más efectivo detenerse después de algunos apartados, formular preguntas, escribir las ideas principales con palabras propias o intentar explicar el tema sin mirar el libro.
Resolver ejercicios, elaborar esquemas o relacionar la teoría con ejemplos concretos también obliga al cerebro a participar activamente y ayuda a mantener la atención.
El horario es otro factor importante
No todas las personas tienen el mismo nivel de energía durante el día y tampoco todas las actividades académicas requieren el mismo esfuerzo mental.
Si un estudiante sabe que durante la mañana se concentra con mayor facilidad, puede reservar ese momento para las materias más complejas y dejar tareas más mecánicas para las horas en las que suele sentirse menos activo.
Conocerse también hace parte de aprender a estudiar.
La alimentación puede influir. Intentar enfrentarse a una lectura particularmente difícil inmediatamente después de una comida abundante puede aumentar la sensación de pesadez, mientras que estudiar durante muchas horas sin comer adecuadamente tampoco favorece el rendimiento.
Mantener horarios razonables de alimentación, hidratarse y evitar depender constantemente de café o bebidas energizantes resulta más sostenible que intentar combatir el cansancio únicamente con estimulantes.
Las pausas también son necesarias. Permanecer tres o cuatro horas frente al computador no garantiza haber estudiado durante todo ese tiempo.
Cuando la atención comienza a disminuir, levantarse unos minutos, caminar, beber agua o cambiar temporalmente de actividad puede ayudar a regresar con mayor disposición.
Lo importante es que esa pausa no se transforme en media hora revisando redes sociales, porque entonces el problema deja de ser el cansancio y se convierte en una nueva distracción.
Sin embargo, ninguna técnica de estudio puede reemplazar el sueño que el cuerpo necesita.
Si una persona duerme poco durante varios días y después intenta mantenerse despierta estudiando hasta la madrugada, es probable que su capacidad de concentración y aprendizaje se deteriore.
Dormir no representa tiempo perdido frente al estudio; el descanso adecuado forma parte del proceso que permite aprender y consolidar lo estudiado.
También conviene observar cuándo aparece el sueño.
Si ocurre únicamente frente a determinadas materias, quizá sea necesario cambiar la estrategia utilizada para abordarlas.
Si aparece durante prácticamente todas las actividades del día a pesar de dormir suficientemente, la situación merece prestarle atención y, si persiste, consultar a un profesional de salud para identificar qué puede estar ocurriendo.
Estudiar mejor, por tanto, no significa luchar permanentemente contra el cuerpo.
Significa crear condiciones que favorezcan la concentración, utilizar métodos activos, organizar las tareas según los momentos de mayor energía y reconocer cuándo realmente hace falta descansar.
La próxima vez que aparezca un bostezo apenas se abre el libro, antes de recurrir automáticamente a otra taza de café conviene hacerse una pregunta: ¿necesito dormir o necesito cambiar la manera en que estoy estudiando? Encontrar esa respuesta puede hacer que una hora bien aprovechada resulte mucho más productiva que toda una noche intentando aprender con los ojos a punto de cerrarse.
Foto: IA









