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Volver a clases después del terremoto: ¿cómo concentrarse cuando el miedo todavía no se va?

Volver a clases después del terremoto: ¿cómo concentrarse cuando el miedo todavía no se va?

Regresar a la universidad después de un terremoto puede dar la impresión de que la vida empieza a recuperar la normalidad.

Vuelven las clases, los trabajos pendientes, los horarios y las evaluaciones, pero para muchos estudiantes la rutina académica no regresa con la misma facilidad con la que se abre nuevamente un salón.

Después de haber experimentado un sismo fuerte, es posible sentarse frente a un profesor y descubrir que resulta difícil prestar atención porque una parte de la mente continúa pendiente de cualquier ruido, vibración o movimiento.

Esta dificultad para concentrarse puede aparecer incluso cuando el estudiante quiere volver a estudiar.

Un ruido inesperado puede generar inquietud, una vibración puede hacer pensar que está temblando nuevamente y el impulso de revisar el celular para buscar información sobre réplicas puede interrumpir constantemente una lectura o una clase.

A esto se suman las conversaciones sobre lo ocurrido, las imágenes que circulan en redes sociales y la preocupación por familiares, viviendas o lugares afectados, elementos que pueden hacer que la atención permanezca dividida durante buena parte del día.

Por eso, uno de los primeros pasos para recuperar el ritmo académico consiste en evitar la presión de pretender funcionar inmediatamente como antes.

Retomar las actividades puede hacerse de manera gradual, comenzando por organizar las obligaciones y establecer prioridades realistas.

En lugar de intentar recuperar en pocos días todos los trabajos y lecturas pendientes, resulta más útil identificar qué actividades requieren atención inmediata, dividir las tareas grandes en partes pequeñas y recuperar progresivamente los períodos de concentración.

También es importante reconocer que el terremoto no afectó a todos de la misma manera.

Mientras algunos estudiantes vivieron principalmente el miedo del momento, otros pueden estar enfrentando daños en sus viviendas, dificultades económicas, desplazamientos temporales o nuevas responsabilidades familiares.

Un joven que debe ayudar en casa, acompañar a sus familiares o resolver problemas derivados de la emergencia probablemente no tendrá las mismas condiciones para estudiar que tenía antes del sismo.

Por esta razón, la comunicación con profesores y coordinadores académicos puede ser fundamental cuando existen circunstancias que dificultan cumplir normalmente con las responsabilidades universitarias.

Menos redes

Otro aspecto que puede ayudar es regular el consumo de información.

Mantenerse informado sobre las recomendaciones oficiales es necesario, pero revisar permanentemente noticias, videos, mensajes y publicaciones relacionadas con el terremoto puede mantener la atención concentrada en la emergencia durante todo el día.

Elegir momentos específicos para consultar información confiable permite mantenerse actualizado sin convertir cada pausa de estudio en una nueva búsqueda sobre lo que está ocurriendo.

Recuperar la concentración también implica reconstruir hábitos cotidianos.

Dormir lo suficiente, alimentarse adecuadamente, realizar pausas y volver progresivamente a los horarios habituales puede facilitar el regreso al estudio.

Si mantener la atención durante una hora resulta difícil, es posible comenzar con períodos más cortos, alejando temporalmente el celular y dedicándose exclusivamente a una actividad antes de hacer una pausa.

El objetivo no es estudiar durante muchas horas, sino volver a entrenar la capacidad de permanecer concentrado.

La universidad puede convertirse, además, en un espacio de apoyo.

Compartir apuntes con quien faltó, organizar grupos de estudio, ayudar a compañeros que enfrentan dificultades o simplemente escuchar a quienes necesitan hablar sobre lo ocurrido son formas de solidaridad que también contribuyen a reconstruir la vida cotidiana.

Después de una emergencia, recuperar las rutinas no depende únicamente del esfuerzo individual; sentirse acompañado puede hacer que el regreso resulte menos difícil.

El terremoto deja también una lección relacionada con la preparación.

Conocer las rutas de evacuación de la universidad, identificar los puntos de encuentro y atender las instrucciones institucionales permite reducir parte de la incertidumbre frente a una eventual nueva emergencia.

Estar preparado no significa vivir esperando otro sismo, sino saber cómo actuar si llega a presentarse.

Volver a clases, entonces, no significa fingir que nada ocurrió.

Significa recuperar poco a poco la capacidad de estudiar, reorganizar las prioridades y permitir que la rutina vuelva a ocupar su lugar.

Después de sentir que todo puede cambiar en cuestión de segundos, continuar una carrera también adquiere un significado diferente: representa recuperar proyectos, reencontrarse con los planes de futuro y comprender que reconstruirse no consiste solamente en reparar edificios, sino también en volver, paso a paso, a aquello que nos permite seguir adelante.


Foto: IA

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