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Estudié una carrera y ahora quiero hacer otra cosa: ¿perdí todos esos años?

Estudié una carrera y ahora quiero hacer otra cosa: ¿perdí todos esos años?

Llegar a los últimos semestres de la universidad debería producir la sensación de estar cada vez más cerca de la meta, pero para algunos estudiantes ocurre exactamente lo contrario.

Después de años de clases, trabajos, parciales y prácticas aparece una certeza incómoda: ya no se imaginan trabajando en aquello que estudiaron.

Entonces surge una pregunta que puede generar mucha angustia: si quiero dedicarme a otra cosa, ¿significa que desperdicié todos estos años?

La respuesta no necesariamente es sí. Elegir una carrera cuando se tienen 17, 18 o 20 años implica tomar una decisión importante en una etapa en la que todavía se están descubriendo intereses, capacidades y formas de entender el mundo.

Es perfectamente posible comenzar la universidad imaginando un futuro determinado y terminarla con una visión diferente sobre lo que se quiere hacer profesionalmente.

La universidad, además, puede ser precisamente el lugar donde aparecen esos nuevos intereses.

Un estudiante de Derecho puede descubrir que disfruta la comunicación; alguien que estudia Ingeniería puede desarrollar habilidades comerciales; un administrador puede interesarse profundamente por la tecnología y una persona formada en Comunicación puede descubrir que quiere emprender.

Estas combinaciones no necesariamente representan contradicciones.

En muchos casos pueden convertirse en perfiles profesionales particulares.

El error está en pensar que una carrera únicamente sirve para ejercer el cargo que tradicionalmente se relaciona con su título.

Durante los años universitarios también se aprende a investigar, argumentar, resolver problemas, trabajar con otras personas, presentar ideas, cumplir fechas, buscar información y enfrentar situaciones nuevas.

Muchas de esas capacidades pueden trasladarse a sectores completamente diferentes.

Eso tampoco significa que descubrir un nuevo interés obligue inmediatamente a estudiar otra carrera completa.

Antes de comenzar nuevamente desde cero, conviene identificar qué conocimientos hacen falta para acercarse al nuevo objetivo.

En algunos casos será necesaria otra formación profesional, pero en otros puede resultar suficiente una especialización, un diplomado, cursos específicos, experiencia práctica o el desarrollo de determinadas habilidades.

Nuevas conexiones mentales

Una pregunta útil sería: ¿Qué quiero conservar de lo que estudié y qué necesito incorporar para llegar hacia donde ahora quiero ir? La respuesta puede revelar conexiones que inicialmente no parecían evidentes.

Un profesional de la salud interesado en administración puede trabajar en gestión de organizaciones del sector; alguien formado en diseño que descubre interés por los negocios puede desarrollar una marca propia; un abogado apasionado por la tecnología puede explorar campos donde ambos conocimientos se encuentran.

También existe una diferencia importante entre descubrir una nueva vocación y querer escapar de una primera experiencia laboral decepcionante.

Ninguna profesión es exactamente como aparece en las aulas y un mal empleo no representa todo un campo profesional.

Antes de concluir que nunca se quiere ejercer lo estudiado, vale la pena preguntarse si el rechazo es hacia la profesión o hacia una empresa, un cargo, un ambiente laboral o una especialidad concreta.

Para quienes todavía están estudiando, la universidad ofrece oportunidades para experimentar antes de tomar decisiones definitivas.

Electivas, prácticas, semilleros, voluntariados, proyectos interdisciplinarios y conversaciones con profesionales de otros sectores pueden ayudar a explorar nuevos intereses sin abandonar inmediatamente el camino recorrido.

Uno de los mayores obstáculos suele ser la presión externa.

Después de años de inversión económica y esfuerzo familiar, decir “quiero dedicarme a otra cosa” puede parecer una confesión de fracaso.

También aparece el miedo a comenzar más tarde que los demás. Sin embargo, construir una trayectoria profesional no es una carrera en la que todos deben llegar al mismo lugar y al mismo tiempo.

Los años universitarios tampoco desaparecen porque una persona cambie de dirección.

Permanecen los conocimientos adquiridos, las experiencias, las relaciones construidas y una manera particular de observar los problemas.

Incluso aquello que aparentemente quedó atrás puede convertirse después en una ventaja diferencial.

Tal vez debamos abandonar la idea de que escoger una carrera significa decidir a qué nos dedicaremos durante los siguientes cuarenta años.

La elección universitaria es importante, pero no tiene por qué convertirse en una sentencia profesional permanente.

Descubrir que quieres hacer algo diferente puede producir miedo, especialmente cuando ya has recorrido buena parte del camino.

Pero cambiar de dirección no significa necesariamente regresar al punto de partida.

A veces significa continuar avanzando con una mochila mucho más llena de conocimientos, experiencias y herramientas que también pueden servir para construir el nuevo destino.


Foto: IA

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