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Perdí materias y ya no sé si esta carrera es para mí

Perdí materias y ya no sé si esta carrera es para mí

Perder una materia puede generar preocupación; perder dos o tres en el mismo semestre puede hacer que un estudiante comience a cuestionar decisiones mucho más grandes.

De repente, una mala calificación deja de ser solamente un resultado académico y aparecen preguntas difíciles: “¿Será que no soy suficientemente bueno?”, “¿me equivoqué de carrera?” o “¿tiene sentido seguir intentándolo?”.

Aunque revisar esas dudas puede ser necesario, un periodo académico complicado no siempre significa que se haya escogido la profesión equivocada.

El rendimiento universitario no depende únicamente de la inteligencia o de la capacidad para una determinada carrera.

En un mismo semestre pueden coincidir asignaturas especialmente exigentes, problemas de organización, dificultades económicas, responsabilidades familiares, un empleo que consume buena parte del tiempo o simplemente una carga académica mayor de la que se puede manejar adecuadamente.

Cuando varios de esos factores se acumulan, incluso un estudiante que anteriormente tenía buenos resultados puede experimentar una caída importante en su desempeño.

Por eso, antes de convertir un mal semestre en una conclusión sobre el futuro profesional, conviene preguntarse qué cambió.

Si durante los periodos anteriores existía interés por las materias, curiosidad por la profesión y un desempeño razonable, pero los problemas aparecieron después de una modificación en los horarios, una mayor carga de trabajo o circunstancias personales difíciles, probablemente exista una situación concreta que necesita atención. Identificarla permite buscar soluciones más precisas que simplemente concluir que “esta carrera no es para mí”.

También es importante revisar cómo se está estudiando.

Las exigencias académicas cambian a medida que avanza una carrera y los métodos que funcionaron durante los primeros semestres pueden dejar de ser suficientes.

Algunas asignaturas requieren mayor práctica, otras demandan lecturas más complejas y ciertas materias necesitan conocimientos previos que quizá no quedaron suficientemente consolidados.

En estos casos, repetir durante más horas el mismo método no necesariamente resolverá el problema; puede ser necesario cambiar la estrategia, acudir a tutorías, estudiar con compañeros o solicitar orientación al profesor.

Existe, además, una diferencia entre tener dificultades con determinadas materias y haber perdido el interés por la profesión.

Ninguna carrera está compuesta exclusivamente por asignaturas que resultan atractivas.

Un estudiante puede sentirse frustrado con estadística, cálculo, investigación, teoría o cualquier otro componente de su programa y seguir teniendo una profunda afinidad con el campo profesional que eligió.

Una materia difícil no representa por sí sola todo aquello que podrá hacer después de graduarse.

No ignore las dudas

Si el desinterés se mantiene durante varios semestres, las actividades relacionadas con la profesión producen un rechazo constante y al conocer mejor el campo laboral el estudiante descubre que no se imagina ejerciéndolo, puede ser razonable revisar la elección vocacional.

Cambiar de carrera después de una reflexión seria no constituye necesariamente un fracaso.

Lo importante es distinguir esa situación de una decisión tomada durante la frustración producida por unas malas calificaciones.

La comparación con los compañeros puede complicar todavía más este momento.

Ver que otros aprobaron mientras uno debe repetir una asignatura puede generar vergüenza y la sensación de estar quedándose atrás.

Sin embargo, las trayectorias universitarias no siempre avanzan al mismo ritmo.

Terminar un semestre después, repetir una materia o necesitar apoyo adicional no determina la calidad del profesional que una persona llegará a ser.

Después de un periodo académico difícil resulta mucho más útil hacer un diagnóstico que castigarse.

Revisar qué materias se perdieron, por qué ocurrió, cuánto tiempo se dedicó realmente al estudio, cuáles fueron los principales obstáculos y qué podría hacerse diferente durante el siguiente semestre permite transformar una experiencia negativa en información para tomar mejores decisiones.

También puede ser conveniente hablar con profesores, coordinadores o servicios de orientación académica antes de modificar definitivamente el rumbo de la carrera.

Una mala temporada académica duele porque parece poner en duda todo el esfuerzo realizado, pero un semestre es apenas una parte de una trayectoria mucho más larga.

Las notas muestran cómo funcionaron determinadas cosas durante un periodo específico; no pueden anticipar por sí solas el futuro profesional de una persona.

Antes de pensar “perdí materias, entonces escogí mal mi carrera”, quizá sea más útil formular otra pregunta: ¿qué ocurrió este semestre que hizo que las cosas no funcionaran como esperaba? La respuesta puede confirmar que es necesario buscar otro camino, pero también puede revelar algo mucho más sencillo: que no necesitas abandonar tu carrera, sino aprender a recorrerla de una manera diferente.


Foto: IA

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